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Epifanía: Mar Castañedo by Agustín Paredes



Epifanía

Por Mar Castañedo

“Es funesto ser un hombre o una mujer a secas (…)”

Virginia Woolf. Una habitación propia. 1929.


Voy despertando lentamente, el sol va avanzando. La luz llega finalmente hasta las paredes y se extiende hasta tocar la cama. Las sábanas se alargan hasta el techo como una erección en el centro de mi cuerpo. Crece, se estira, para acompañar al sol. El aire se cuela por los poros de las paredes. El suspiro entra finalmente a mi cabeza. Hay que salir. Los árboles se arremolinan como un saludo sincero. ¿La ciudad es mía? ¿mi cuerpo es mío? Los ojos, los ojos van abriéndose en el vientre, en los senos, en la vulva. Me enfrento a ellos, los tomo de las pestañas y arranco cada una para que dejen de creerse especiales.


La banqueta de vez en vez se adorna de mariposas secas como las hojas que no fueron recolectadas por los barrenderos. Salto las grietas del piso hasta engullir todo como un agujero negro. Piernas rasposas, andar apresurado. Todos desaparecen en la palabra que parió el mismo soplo de voz, un chirrido ensangrentado y listo para la vida. Voy erguida y tengo prohibido llorar, la fuerza, la saco de un pasado, de personas que están conectadas a mí y que no conozco. Son como las piedras de las montañas y de los recovecos hechos cristal. Rompo todo y me dicen violenta, rompo los ápices que me construyen. Paseo desnuda con mi erección palpitando en cada poro.


Los ojos se ponen en blanco porque piensan que quiero usurpar un lugar que no me corresponde. Es por eso que no entienden nada. La apertura y el cierre, es a capricho de mi propio lenguaje y sensación. “Rêveur, j’en sentirai la fraîcheur à mes pieds… Et j’irai loin, bien loin, comme un bohémien, Par la Nature, – heureux comme avec une femme”. Me detengo y el mismo viento que se coló por las paredes me saluda con risa socarrona, la misma que escucho al caminar o cuando entrego mi carne a los ojos. Carne de dios sin encontrarla en el campo. Soy la carne, soy el ver a los hongos en plena hierba, salpicados de rocío y listos para mostrar el camino.


Paso a paso; a zancadas, la ciudad comienza a temblar. Se me antoja reír sin ser correspondida, ser quien tome la decisión de no ser graciosa. Mi cabello llega hasta la cintura y recuerdo lo que me decían “pelo a la cintura, naca segura”, mi cinismo hace que me ría y mi dolor se encabrona. Salto otra grieta y me encuentro a alguien que me gusta, lo beso con la lengua que me enseñaron y lo acaricio con las manos, con los ojos, con los párpados, con la esclerótica, con las pestañas, con lagañas. Rodeo sus pezones rápidamente con labios que nunca callan. Sin que nadie nos vea, capturo su lengua para asimilar las palabras que no conozco, el lenguaje escondido. Escudriño entre sus labios, sus dientes. Mi mano baja, baja hasta llegar al punto de nuestra conversación, lo disfruta, “no soy puto”, se contrae y me abandona avergonzado.


Ya adentro del taller, me subo a la tarima de madera, ésta cruje, así como crujen mis articulaciones cuando me la paso contando los segundos. 3600, fragmentados, acompasados y llenos de nada y habla; llenos de nada porque son los días palpitando en expectativa, llenos de habla porque… porque no hay otra cosa con qué llenarlos, carajo. Me visto, mi erección ha amainado. Esquivo los ojos que me acompañan como la muerte; a la vuelta de cada esquina con la navaja sucia. Suciedad, frunzo el seño, las grietas palpitan, se abren como las rosas, mi pie cae en una y es absorbido. Me lame el tobillo con su lengua brillante, sube por mi pantorrilla, se demora, toma su tiempo; la sensación es suave, caliente, pegajosa y líquida como el amor atomizado, átomo bailando por la vida, como yo que bailo con las palabras.


Todo en silencio. Yo ya no llamo a nada porque grito con las mismas fuerzas con las que una da a luz, hasta que se me salgan los ojos de las órbitas, hasta que el sudor se me acabe, hasta que el chirrido ensangrentado quede limpio y listo para la vida, hasta hartarme y matarlo porque puedo y quiero, hasta abandonarlo ahí, en un bote de basura. Es genial saltar grietas con la erección lista y que nadie se contraiga por pena.





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Modelo: @coup.oeil

Fotógrafo: @agusparedesmx

Asistente Fotografía @michsanmiguel

Vestido @vilewolf_

Locación @aguamorada


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